El cosmos empieza en Tejas

Recientemente he comenzado una serie de colaboraciones en la web del In-Edit. Aquí va el primer artículo, publicado el pasado día 14:

Doug Sahm

Doug Sahm

El cosmos empieza en Tejas

El film “Sir Doug and The Genuine Texas Cosmic Groove” clama justicia para el antecesor del sonido Americana.

Muchos de los que cada año peregrinan al South By Southwest lo ignoran, pero Austin, la ciudad sede de dicho festival, ya había degustado titularidad hip previamente a 1986, año de su primera edición. En el despertar de la década de los 70 un solo hombre refundaba prácticamente de la nada la escena musical de la capital tejana. Que, avituallada por numeroso público universitario, no era precisamente manca, umbilicalmente sintonizada con la contracultura a través de locales como el Armadillo World Headquarter, el Fillmore del bizarro frikismo austinita. Se llamaba ese iconoclasta Doug Sahm, y traía consigo los mismos aires de retromodernidad que en aquellos precisos momentos se encontraban aggiornando el country en Los Angeles, de la mano de Gram Parsons y su banda The Flying Burrito Brothers, supuestos artífices de la tendencia bautizada “Cosmic American Music”.

Antepasado del sonido Americana que tantos estragos causa hoy día, la Música Cósmica Americana no dispone de una definición académica. A gruesos rasgos, sintetizaba la influencia que la cultura de la droga ejercía en jóvenes músicos de extracción rock y el desafío planteado a la tradición, a las raíces, reformulando a su medida la vertebración y filosofía de las expresiones musicales blancas y negras más prominentes del melting pot estadounidense. Se trataba de un impulso contradictorio ya desde su sacrílega composición: ¿hippies profanando la conservadora banda sonora cotidiana de los paletos de provincias? De los varios frentes que abría, en el de Austin coincidía la transgenérica cosmicidad pagana de Sham con la disidencia del outlaw country, otra variante más por la que nombres como Kris Kristoferson, Waylon Jennings y Willie Nelson desacataban los reblandecidos designios estéticos de Nashville, en misión recuperadora de la autenticidad perdida pero también aperturista, integrando en ella nuevos códigos.

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Jaime Gonzalo.

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