Nueva columna en Rockdelux: «Humo en el agua: Milagros del rock»

Este pasado lunes, día 26, se ha publicado la nueva columna que he escrito para la web de Rockdelux, «Humo en el agua: Milagros del rock»…

Hechas la una para la otra, publicidad y música rock protagonizan desde hace tiempo proverbial simbiosis en el imaginario del espectáculo del consumo. En ese escenario donde se restañan los estragos del horror vacui y otras compulsiones humanas, la transformación del rock en abalorio de transversales destellos, bisutería simbólica, ha traspasado los límites del fondo musical para formar parte intrínseca del mensaje. Puede que el rock ya no ayude a transformar vidas, pero su complicidad para conseguir engañarlas se demuestra igual de útil, asegura Jaime Gonzalo.

Si tal modalidad existe, el ejercicio de cierto “pensamiento rock” no gana para chascos. Un pensamiento o reflexión crítica disidente, decimos, que, del mismo modo que negaba Kant condición científica a la metafísica, descarta a estas alturas la existencia del rock en calidad de fenómeno cultural y duda que su incidencia social, más allá del consumo de festivales, descargas y camisetas, se resuelva significativa, trascendente. A los lectores de prensa rock les incomodan estas monsergas, y a los críticos de rock conservacionistas tampoco les hace gracia que su cometido sea reducido a práctica forense. Recolecta el apóstata amigos, pues, al denunciar esas ilusiones que él considera falaces. Sería redundantemente iluso aguardar lo contrario. El rock, el rock’n’roll, es una cuestión de fe religiosa y fanatismo irracional, como el fútbol, e invocan los creyentes, y los que de él viven o sobreviven, mil razones para descartar discusión. Se venera en ese altar a un atiesado constructo, que, como Díaz de Vivar o los legionarios del fuerte Zinderneuf, pone su rigor mortis a disposición de unas pasiones que hacen insignificantes las ideas.

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Jaime Gonzalo.

2 pensamientos en “Nueva columna en Rockdelux: «Humo en el agua: Milagros del rock»

  1. Paloma

    Sí a todo, a lo grande y a lo pequeño. Malos tiempos para el rock, devenido en sonsonete de fondo para vender coches.

    Pero, en palabras de Cass McCombs, “music is intangible, and it’s ever-changing and growing, and that it’s this massive power that can actually transform our global consciousness. That could come from any direction. Usually, when it happens, it comes from the least likely place. It’s usually never based on aesthetics”.

    Sabes? en realidad, el rock, la música de verdad nunca morirá, mientras haya gente de verdad, y siempre la habrá. Da igual que la zarandeen o la disfracen de Micky mouse.

    Y, tengo que defender al gran tenista Feliciano Lòpez (como siempre hago cuando escucho llamar a la maravillosa Christina Rosenvinge “esa pija”. Christina es gigantesca)Bien, Feliciano, además de salir en el papel couché (horror), es un gran profesional, querido por sus compańeros, y tiene un tenis admirable. Igual va y resulta que sabe de rock más que otros que llevan camiseta Ramones. Por qué no? La realidad no es las ropitas. Si fuera tan fácil….Los clichés…. Guerra al cliché, y respeto a todos.

    En cualquier caso, gran artículo, como siempre.

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  2. JordiMB

    Lo que se dice en el artículo es cierto, no lo vamos a negar. Pero no seamos ingenuos, el rock siempre ha sido artículo de consumo aunque haya habido épocas en que ha presumido de coartada contracultural y underground. Lo que ha cambiado es el consumidor: antiguamente el consumidor joven compraba directamente rock, en forma de discos, conciertos, camisetas, revistas, libros… En la actualidad esa franja de edad ya no gasta dinero en música sinó en móviles, conexión a internet y altavoces portátiles chicharreros. El antiguo consumidor rock no actualiza sus gustos, sigue escuchando su vieja música y no adquiere apenas material nuevo. Sus pautas de consumo son las de cualquiera: coches, teles, comida , pañales, complejos vitamínicos, leche desnatada y yogures bífidus. El rock se utiliza como señuelo, el recuerdo de esos viejos tiempos como estímulo. Yo tuve una alumna que llevaba una camiseta de los Ramones. Le pregunté si los escuchaba. Me respondió: ¿escuchar a quien?

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