EL CANALLA. Capítulo 17.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

Oriol ha cumplido su misión. El maléfico dónut ha sido devorado vorazmente por la Corominas. El veneno hará su efecto en tres días y la viuda se irá al otro barrio no sin antes, seducida por Oriol, revelar donde ha ocultado la fortuna del marqués. Pero lo que no saben ni Oriol, ni Amparo, ni ustedes, es que Pere se confundió de droga y lo que inoculó en el dónut fue una potente dosis de una sustancia experimental que sustrajo de los laboratorios secretos que el ejército tenía en el cuartel de El Goloso, aprovechando una jura de bandera de un primo suyo. ¡Y ya saben ustedes el nivelazo de nuestros científicos militares! ¡Que no nos pase nada!

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Efectivamente, amigos, el efecto de la desconocida droga no tardó en esparcirse por el organismo de la Corominas. Inmediatamente después de zamparse las últimas migajas del dónut, la pobre se quedó estabornida, sumida en un trance catatónico al que siguió una escalofriante transformación. Los pelos de los sobacos, el bul y la chirla le crecieron de golpe, así como la dentadura postiza. Su mirada se tornó estrábica, quedó embarazada de golpe de un antiguo novio suyo al que no había visto en treinta años, un espeso mostacho se materializó sobre su labio superior y la napia le comenzó a producir enormes y purulentas mucosidades a velocidad indiscriminada. Entonces, convertida en medio mujer y medio bestia peluda, Amparó profirió un lobuno alarido.

—Auuuuuuuuuuuuuuu… Yiiiiiiiiiiiiiiiiiiiikkkk… Broaurrrrrrrrrrrr… ¡CARNE!... ¡QUIERO CARNE FRESCAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Amparo asió a Oriol por las solapas de su americana de Gundolfo Pandínquez, se lo acercó hasta tenerlo cara a cara, pegó un gruñido animal, le lanzó su repulsivo aliento y le arrancó una oreja de un mordisco. Sí, señoras, señores, niños y pensionistas, Amparo se había transformado en… UNA ZOMBIE CANÍBAL SADOMASOQUISTA PSICÓPATA.

Mientras aquella espantosa criatura masticaba la oreja con delectación, Oriol, que sangraba como un gorrino degollado, comprendió que algo había funcionado como no debía con el dónut envenenado. Amparo le arrastró hacia el interior del recibidor, tal y como una alimaña habría hecho con su presa. El anonadado metereólogo se dejaba hacer como un pelele, marcando un espeso reguero de sangre a su paso y lamentándose aterrorizado.

—Uhuuuu… uhuuuu… aquesta zombie caníbal sadomasoquista psicópata sem papejara vivo… y qué faré yo ara sin orella… un hombre sin orella es como una dona sin tetas… uhuuuu… uhuuu…

Amparo tiró de su victíma hasta la mazmorra, que en aquel momento decidió convertir en despensa dada su nueva condición de zombie caníbal sadomasoquista psicópata. Una vez dentro del calabozo, arrojó a Oriol a un lado. Soltó a continuación un enorme eructo de satisfacción y movida por los efectos del siniestro dónut convino que un postre no le vendría nada mal. Anestesiados por el fabuloso pedo de Paco, sus prisioneros dormitaban plácidamente. Así que agarró al inspector de Hacienda y de un mordisco se le llevó el narigo, que empezó a devorar con estruendosos bocados. Naturalmente, el inspector se despertó y empezó a chillar como un descosido.

—Uaaaaayyyyy, mi nariz, zombie caníbal sadomasoquista psicópata, devuélvemela, uyaaaaaaa…

Aquel sangriento follón despertó a Paco, que a falta de audiencia también se estaba echando una siesta. Ante tan apocalíptico espectáculo, viendo a Oriol desorejado y al inspector desnarizado, sólo acertó a pronunciar:

—Mecagüen la mula Fransis, esto tie to lapeto de zer obra duna sombi carnival zaomaoíta sincópata.

EPILOGO:
¿Proseguirá doña Amparo con su enloquecida merendola? ¿Habrá algún antídoto contra los donúts envenenados que convierten al personal en zombies caníbales sadomasoquistas psicópatas? ¿Sobrevivirá Paco a la grande bouffe antropófaga sin que se le manduquen ningún miembro vital? ¿Saben qué hora es? Dejen ya de incordiar, caramba, e infórmense de todo en el siguiente capitulo de El canalla, una radionovela por la que George Romero vendería a su padre.

© 2012 Jaime Gonzalo.

 

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