Archivo del Autor: Jaime Gonzalo

En ‘La edad de oro’ junto a Bernardo Bonezzi y Tom Verlaine

Con Bernardo Bonezzi en 'La edad de oro' (1984)

Con Bernardo Bonezzi en ‘La edad de oro’ (1984)

El pasado 12 de octubre, el Archivo RTVE publicaba la edición de La edad de oro del 24 de septiembre de 1984. Dicha emisión, protagonizada por una actuación de Tom Verlaine, contiene una breve entrevista, corolario de otra que Paloma Chamorro dirige (no sin dificultades) a Tom Verlaine, en la que participamos Bernardo Bonezzi y yo. En ella se alude a la entrevista que a su vez venía yo de realizar a Verlaine por entonces, y que está recogida en mi último libro, la antología Nunca te fíes de un crítico de rock. Puedes ver el extracto de nuestra entrevista a continuación:

También puedes ver el programa completo aquí (nuestra intervención comienza en 48:37):

 
Gracias a Àngel Maeztu por el aviso.

«Los Diggers y la filosofía del fracaso», nuevo artículo en ‘El País’

Diggers transitando por Haight Street

Diggers transitando por Haight Street. Foto: © Jim Marshall Photography LLC.

Este pasado viernes, 25 de agosto, he publicado en El País un artículo dedicado a Emmett Grogan, fundador del movimiento digger:

Los Diggers y la filosofía del fracaso

Emmett Grogan fue el fundador del más insobornable tumor crítico que le creció a la Contracultura.

38 años contaba Emmett Grogan cuando fallecía el 6 de abril de 1978 en un vagón de metro neoyorquino. Infarto, fue la causa oficial del óbito. Su amigo y correligionario el actor Peter Coyote la atribuiría a una sobredosis de heroína. Triste y sórdido final, en cualquier caso, para quien tanto amó la vida y tanto hizo por racionalizar su vivencia. Cofundador y alma de los diggers, el más insobornable tumor crítico que le creció a la Contracultura desde dentro, su utopía de suprimir el dinero en aras de una sociedad gratuita redundaba no ya sólo en derrota, sino en la consagración del ultracapitalismo.

Prologada como su versión original por Coyote, la publicación en España de Ringolevio (Pepitas de Calabaza), relación autobiográfica de sus andanzas, cuyo subtítulo Una vida vivida a tumba abierta lo dice todo, invita por varias razones a la celebración. Las de más peso, que corrige uno de los muchos atentados culturales del aparato censor franquista, pues la prohibiría en su día; y acaso más relevante, la posibilidad de ahondar con su lectura en el reverso tenebroso del hippismo, en las trampas y mentiras de su reformulación histórica.

Leer artículo completo en El País→

Jaime Gonzalo.

El reverso de la movida

New Buildings

Se publicaba ayer en El País este nuevo texto, donde aprovecho la salida de dos recopilatorios para hablar del underground 80s de Barcelona…

El reverso de la movida

Sonidos industriales, electrónica y riesgo confluyeron en el ‘underground’ barcelonés de los ochenta. Dos discos resucitan aquel espíritu

Hoy parecería normal, porque la tecnología lo permite y el poder de las corporaciones discográficas ha decrecido dramáticamente, pero entonces equivalía a insensatez. A principios de los ochenta, todavía huérfano el transcurrir cotidiano de ordenadores personales y del universo virtual, de crowdfundings y de otras plataformas, Klamm, un humilde pero sorprendente grupo de rock experimental que comenzaba a dar sus primeros pasos en Barcelona, rechazaba la oferta de debutar en toda regla, servida en bandeja por la entonces todopoderosa CBS.

En aquella década de lo que se dio en llamar la movida, con el personal musical ansioso por protagonizar su particular pelotazo, soñando con fichar por una gran compañía y amasar cifras de ventas, se desarrollaba en los subterráneos de la Ciudad Condal una filosofía que sin pretenderlo devenía contramovideña: un pensar y un sentir amamantados por el espíritu libertario que la capital catalana hospedaba durante el resurgir de la CNT en los setenta y el zeitgeist de la tardocontracultura local, que en las antípodas de la actual “economía colaborativa” alentaban proyectos colectivos basados en el cooperativismo.

Leer artículo completo en Babelia →

Jaime Gonzalo.

Entrevista de A Wamba Buluba Club

Entrevista de A Wamba Buluba Club

El local barcelonés A Wamba Buluba Club cuenta en su sitio web con un interesante apartado de publicaciones propias. Entre ellas se publica hoy una entrevista en vídeo, de cerca de una hora de duración, en la cual respondo a diversas cuestiones relacionadas con la prensa musical, el oficio de crítico, la situación actual de los negocios culturales y, especialmente, nos detenemos en los significados de la contracultura, reflexionando sobre los puntos de vista que expresé en la trilogía Poder freak.

Podéis ver la entrevista en este enlace.

Entrevista en la Feria del Libro sobre ‘Nunca te fíes de un crítico de rock’

El pasado 7 de junio, la madrileña emisora-escuela M21 me entrevistó en directo durante la Feria del Libro de Madrid, dentro de una edición del programa «Madrid con los cinco sentidos». A continuación podéis escuchar el corte de la entrevista, dedicado especialmente a mi último libro, la antología Nunca te fíes de un crítico de rock:

Can: La roca filosofal

Can, la banda más avanzada del rock europeo de todos los tiempos —se dice pronto—, echaba cerrojo a su andadura en 1979, tras once años de fructífera actividad. Irradiada incesantemente a través de varias generaciones de músicos y público, su hendidura en la memoria colectiva no ha hecho sino agrandarse desde entonces. Hasta el extremo de que ya son pasto de camisetas, y varias las levas de próceres modernosos trocando en prestigiosa divisa su nombre y el género en el que teóricamente se inscribían, el krautrock o rock alemán. Más allá de esa influencia manifiesta que desafía pertinaz a tiempo y olvido, más allá del papanatismo retroactivo, la renuncia a la permanencia física no impedía puntuales reapariciones del grupo en 1986, 1988 —dando lugar a un último álbum oficial, Rite time—, 1991 —desprendiéndose un tema para la BSO de Hasta el fin del mundo de Wim Wenders— y 1999, con la gira Can Solo Projects, actuando cada miembro por separado, al frente de los proyectos que por entonces se hallaban pilotando.

Un nuevo advenimiento está previsto para el próximo 8 de abril en el Barbican Hall de Londres. A nombre de The Can Project, dos de sus miembros originales celebrarán con ese concierto el quincuagésimo aniversario de la banda. En la primera parte, la London Symphony Orchestra interpretará la pieza orquestal An homage to Can, revisando extractos de las canciones más conocidas de la formación. En la segunda, acompañados de Thurston Moore y Steve Shelley de Sonic Youth, y de otros artistas invitados cuya identidad no se ha desvelado, los supervivientes de Can se reconstituirán en una suerte de superbanda pre-posmoderna.

El reciente óbito de Jaki Liebezeit, batería de Can y uno de sus signos identitarios más protuberantes, no ha obstaculizado una conmemoración que de todos modos, salvo a niveles sentimentales, poco podrá reforzar una leyenda plenamente consolidada, mantenida viva por mediación de diversos conductos: la constante reedición de su obra y apurado de vastos archivos; la presencia de canciones suyas en bandas sonoras como The bling ring, Life after Beth, Puro vicio y High rise; los cuantiosos sampleados de que continúan siendo víctima sus discos; dos libros sobre su historia, cuatro si contamos los nuevos volúmenes a publicar en breve por Faber & Faber. Hasta el New York Times los citaba en la necrológica de Bowie, comprendidos con Kraftwerk y Neu! entre los intereses recabados por el Duque durante su etapa berlinesa.

Sin hablar de las numerosas versiones de su cancionero que van acumulándose por doquier —la de «The thief» por parte de Radiohead, por ejemplo—, otro factor contributivo a esa perpetuación de la vigencia de Can ha sido el indesmayable quehacer de sus miembros a lo largo del siglo XXI —con excepción del guitarrista Michael Karoli, fallecido en 2001—, aunque en ningún caso supere los logros de Can; sea exprimiendo el legado del grupo, caso del vocalista Malcolm Mooney al revivir el LP Monster movie, o aprovechando la inercia del mito para vender dudosos espectáculos cuyo mayor reclamo es la procedencia de su protagonista, como sucede con Damo Suzuki, segundo cantante de Can. Más provechosas han resultado las trayectorias de Liebezeit, el bajista Holger Czukay y el teclista Irmin Schmidt. Este último, autor de una ópera y colaborador de Kumo, abundando en bandas sonoras propias o ajenas, caso de la escrita por Thurston Moore para Street, que interpretaban juntos el pasado mayo en el Museo del Louvre.

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Jaime Gonzalo.

Cervantes, el ácrata antisistema

Cervantes, el ácrata antisistema

Exiliados en Argelia al concluir la contienda incivil y pertenecientes al Movimiento Libertario Español en Africa del Norte, el domingo 3 de junio de 1945 varios anarquistas encaminaron sus pasos hacia un ralo descampado, amenazado ya por la expansión urbanística de Argel. En ese solar se recogía una cueva, motivo de la peregrinación. Voces ancestrales aseguraban que en ella había permanecido escondido Cervantes, durante su tercer intento de fuga de los corsarios argelinos. Legitimaban esa hipótesis tres placas y un busto que, ubicados en la gruta entre 1887 y 1925, honraban la memoria del escritor, todo ello sufragado por la colonia española y la Cámara de Comercio de Argel, y con el nombre del cónsul español del momento inscrito en cada una de las ofrendas.
Pedro Herrera, uno de los dirigentes de la FAI, Federación Anarquista Ibérica, y sus acompañantes, se dirigían precisamente al santuario-escondrijo para desoficializar esa apropiación indebida de la figura del manco de Lepanto, con la que los mercaderes reificaban con huero españolismo a aquel prestigioso referente internacional, principando el proceso que a la postre lo convertiría en mascota cultural de estado. Dedicándole su propia placa, los anarquistas perpetraban un acto de valor simbólico, reclamando para la España exiliada, la España vencida, a ese otro desdichado cautivo e inmigrante forzoso que fue Cervantes.
Entre los andarines libertarios cervantinos se hallaba así mismo el navarro José María Puyol, otro militante, durante la guerra responsable de los periódicos ceneteistas Liberación y Emancipación, en esos momentos enfrascado en la finalización de Don Quijote de Alcalá de Henares. Publicado al año siguiente, el libro sería un apasionado, santificador y referencial retrato de un Cervantes utopista y libertario, al que leer desde una perspectiva antifascista en los nuevos tiempos que se delineaban durante la postguerra. “Solo tuvo un amigo: el pueblo”, diría Puyol en los actos celebradores de la colocación de la placa. Para ese autor, Cervantes era un pobre y desafortunado proletario que, reacio a dispensar lisonjas, se resolvía incompatible con el cortesanado, aferrado a la libertad de expresión que podía permitirse en boca de sus personajes, especialmente si estos estaban locos como el senil hidalgo, escapando así de la censura inquisitorial. Un Cervantes que acusa de ladrones a los editores y de sinvergüenzas a los políticos. Un Cervantes crítico, paladín de la libertad, tan republicano como aquellos refugiados que le homenajeaban.

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Jaime Gonzalo.