EL CANALLA. Capítulo 18.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

Qué cosas. Resulta que el dónut envenenado que se ha trincado Dña. Amparo contiene un peligroso virus en fase de experimentación. Sus efectos provocan tremendas mutaciones orgánicas, causa por la que la Corominas ha devenido una zombie caníbal sadomasoquista psicópata, a la sazón hambrienta de carne humana. De momento ya ha devorado una oreja y una nariz. Recién despertado de una plácida siesta, ante tan dantesco espectáculo Paco emite un juicio de valor sobre la situación…

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¡Escucha aquí el capítulo original!


—Lo tenemo cruo, colegaz. Ya me zé yo deke va la copla. Mientra yo zervía en Seuta menteré duno inzpirimento zecreto ke zetaban yevando a cabo con lo moro rebelde. Le inyectaban a lo pobre una terrible dronga que lo convertía en má betia delo que ya eran lo sarraseno lo cohone. La mardita dronga tranformava a la perzona humana en somvi carnibale sandomanzinita inzicrópata. Que lo ze yo de buena tinta, vamo, digo, ele, osú, olé. Etamo ma perdío quer Papa en una zex-zop.

A todo esto, Amparo roía afanosamente el fémur del inspector de Hacienda, al que había arrancado de cuajo una pierna como aquel que desprende una uva de un racimo. El marqués, que ya tenía la mosca tras la oreja, le replicó a Paco.

—No diga más sandeces, que es usted un trinxeraire1 con el pensamiento abotargado por la grifa. Estos momentos son demasiado delicados como para ponerse a delirar, señor mío. Así que piense en algo que nos sea de utilidad, y rapidito.

—Y tu eré un fantama —se revolvió Paco, indiferente al talante que las circunstancias estaban cobrando—, notentera la miza la mitá. A mi la grifa metimula er penzamiento, mase ve la coza con clariá. Ahora verá tu como me saco una solusión pa ‘ta degrasia, caracartón.

Paco empezó a expeler magníficos pedos, a cual más apestoso y atronador, pensando que con esa ensordecera pestilencia dejaría fuera de combate a la Corominas. Lejos de obtener los resultados deseados, aquellos pútridos aromas fermentados en ingentes cantidades de grifa inhalada, no hicieron sino intensificar el apetito de la medio narcotizada zombie. Tal acceso de gusa le cogió a ésta que a base de mordiscos desembarazó al inspector de Hacienda de la pierna que le quedaba. Paco no tardó en percatarse de que la había pifiado.

—Mecagüen la braga de Pili y Mili. Eta azenzina ze no va a papeá a too. Joer, que mar rollo.

El marqués, que ya se veía en las tripas de aquella antropófaga que en otra vida había sido su parienta, fue presa de un súbito arranque de mística mariana.

—Cállese ya, galifardeu. Mejor haría preparándose para enfrentarse al juicio del Altísimo. Dios ha querido que aquí concluya la línea de nuestra existencia y no podemos hacer nada al respecto. Rezen todos conmigo cincuenta y siete avemarías, catorce credos, trescientos padrenuestros y ocho rosarios y medio. Por lo menos eso consolará nuestras almas y ayudará a que el Señor sea más bondadoso a la hora de rendirle cuentas. Arrepentíos pues, camaradas de infortunio.

—Aquí ze va a repetí tu padre, degrasiao —bramó Paco—, a mí eza zurungui canina zandumanduquita intricópata no me toca ni lo pelo der culo. Yo la mato a patá si hase farta, y zi no me la papeo yo a ella. Ele, sukiki, ashilipú, lalailolailo, takatá. ¡Olé mi cohone!

Oriol, que al ser mordido por Amparo se había transformado en un home del temps sombi caníbal sadumasuquiste psicópate, se sumó al bárbaro festín de la viuda. Esta ya había dado buena cuenta de los brazos y tronco del de Hacienda. El desgraciado, a pesar de que solo le quedaba la cabeza, todavía se resistía.

—¡No, la cabeza no, dejádmela, que es lo único que me queda. Tiene mucho hueso y poca carne, y el cerebro es bastante indigesto. ¡¡No vais a ganar para bicarbonatooo!!

Huelga decirlo, Oriol hizo oídos sordos a las súplicas del recaudador y ni corto ni perezoso le arrancó un ojo de su cuenca y se lo tragó. Despues, sujetando la cabeza con ambas manos, empezó a sorber el cerebro por el sanguinolento orificio donde antes se erigiera una aguileña nariz. Relamiéndose, Oriol dijo…

—Esto está mes bo que unas gambas al ajillu. Y ara prepárate tu, Cisco, que te voy a comer las pilotas.

Paco, siempre presto a traspasarle el marrón a otro, replicó con convicción…

—Pero que dise tó, Orinal, mejo te papea la pilila der marqué, kemandisho que la tiene mu tierna.

EPILOGO:
¿Por qué delicioso platillo se decantará finalmente Oriol, la minga del marqués o los huevones de Paco? ¿Se convertirá el lejía en un zambombi cantina sarasomamporrista sinsóspata? ¿Existe algún antídoto que pueda retornar a la normalidad a los infectados? ¿Volverá a salir El Papus? Seamos francos, señores, no tenemos ni idea. Pero no desesperen y permanezcan atentos al próximo capítulo de El canalla, una radionovela donde hace un frío que pela.

© 2012 Jaime Gonzalo.

 

  1. Golfo, joven buscavidas

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