EL CANALLA. Capítulo 21.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

Vanesa y la Menchu han mantenido una acalorada discusión a propósito de támpaxes y calzoncillos en la que Paco se ha entrometido. Su hábil corte verbal le ha costado un paellazo en los genitales, pero al menos ha salvado el pellejo. La Menchu ha huido, llevándose consigo a Amparo y Oriol para obtener la fórmula de la luctuosa droga, con la que, una vez en su poder, espera convertirse en dueña y señora del mundo.

 ***

Vanesa, que se había sentido muy halagada por la caballerosidad de Paco, acudió presta a su lado para librarle de los grilletes que le aherrojaban. Desnudo, sucio y dolorido, Paco se derrumbó en el suelo como un fardo. Vanesa se arrollidó solícita a su lado y le dijo…

—¿Te duele musho, mi arma? Ya verá tu, la Vaneza tevaser una mamaa que te va dejar como nuevo, pisha mía. E mi espesialidá, y pa que vea tu cómo menrollo te lo vi a hasé de grati. Marshando un fransé pa mi niño.

Paco se revolvió, tapándose pudorosamente sus partes, que por cierto estaban cubiertas de semen reseco, pues el hombre no había parado de tener poluciones nocturnas durante su estancia en la mazmorra de la Corominas. Sopesando sus huevos, inflados como melocotones a consecuencia del paellazo recibido, declinó la tentadora oferta de la felatriz.

—Deja, deja, no me menee tú ma el parato, que lo tengo hesho porvo, mejo me shupa tú el ojete que me pone lo mimo que una buena comía de nabo…

Vanesa, que por cuestiones morales nunca practicaba a sus clientes el beso negro, se tomó muy a pecho la negativa de Paco a dejarse sorber el cimbel. Entre lágrimas y mohínes, le dijo a ese ser superior que mora en las alturas y lo ve y lo sabe todo…

—Primero va la naturalesa y no me deja tené la mestruasión como toa mujer desente debe tener. Y aluego va un hombre y no me deja haserle mi epesialidá ni grati. Dio mío, ¿quesho yo pa que me trate tu asina? Sí, ya sé que soy un traveti y un invertío y que no me meresco na. Pero e que e algo superió a mí. Yo measiento mu feminina po dentro y deseo se toa una señora, casame, tener hijo, hasé la compra, tomá patilla antionsentiva, hasé la colada y poer llevá un playtex crusao mágico, faja y bragas. Ademá, el otro día leí yo en er Dies Minuto que un cura sueco se había convertío en monja. A ve si yo tengo que se meno, joline.

Maruja acudió rápidamente a consolar a su amiga despues de liberar al marqués de Llobregat y guardarse la cabeza del inspector de hacienda en el bolso. Le pegó un codazo en los morros a su hermano y, mientas le acariciaba la peluca a Vanessa, le dijo…

—Mira que llegas a ser animal, Paquito. No tienes ninguna consideración con la Vanesa. Encima que hoy no hemos ido al curro y ademá os hemo rescatao… Seguro que por lo menos hemos perdío a treinta clientes en la barra americana….

—¡Lo sabía! ¡Lo sabía! —vociferó Paco—. Lo ve tú como ere una putanga. Si ya me lo imaginaba, tú en Barselona… puta seguro. Te voy a partí er arma, degrasiá. Seguro que este traveti te ha convensío pa que te de a la mala vía y te deje shingá pol primero que te pone un billete de mil en el shosho. Guarra, perdía, pronstituta, coshina, fulana, mala hija, ramera, golfa, shabacana, portaora der sida.

—No seas antiguo, Paco. La vida ashusha musho y una no pue ecogé trabajo. Suerte tuve daserme amiga de Vanesa, que me recomendó a su jefe y ahora puedo desir orgullosa que tengo curro seguro en un bar mu elegante que hay en er barrio shino.

—Aver, como se llama ese bar, quementere yo, que quiero ir a hablá con er dueño pasabé qué guarrá tenéi quehasé pa ganaro la vía.

—El bar se llama La Grutas de Emmanuelle. E un sitio mu fino y distinguío que a masamás etá al lado duna clínica de enfermedae venerea donde no controlan er coño cada día pa que lo tengamo limpio y no contiagiemo na a la clientela, aunque a vese son ello lo que no contagia a nosotros, que no vea tú la de tío serdo que corre por ahi con la minga llena mierda.

Finalmente, entre una y otra lograron persuadir a Paco de que ser puta era un trabajo tan honrado como el que más, y para celebrarlo improvisaron una orgía allí mismo. Fue Paco el que tomó la iniciativa, pues tanto hablar de putas y puterío le había puesto burro, clavándosela en el bul a su hermana mientras Vanesa le comía los dedos de los pies. Los alaridos de placer de Maruja, a la que nada ponía más caliente que practicar incesto anal, hicieron volver en sí al marqués de Llobregat, cuya alicaída pilila adquirió la consistencia de un bolígrafo y fue a parar al recto de Paco, donde se ensartó hasta dar con un zurullo de lentejas recalentadas que a continuación se comió Maruja mientras a su vez se jiñaba abundantemente en el nabo y los huevos de Paco. El jolgorio allí organizado llamó la atención de los vecinos de al lado, que se sumaron a la bacanal junto al técnico que les estaba reparando el televisor, sin olvidar a la portera, un repartidor de pizzas y veinticinco argentinos que compartían un piso-patera en el mismo edificio. Allí el que no chingaba era porque no quería o porque no podía, caso de la cabeza del inspector de hacienda, que desde el interior del bolso de Maruja suplicaba tomar parte en la jarana sin que nadie atendiera sus ruegos. Solo Paco tuvo la decencia de contestarle…

—Mecagüen Mario Moreno Cantinfla, a ve si te calla tú y no deja shingá tranquilo a lo demá, cabesón.

Dicho esto, abrió el bolso de Maruja y lanzó allí un viscoso lapo en el que por poco no se ahoga la pobre cabeza del recolector fiscal.

EPILOGO:
¿Será realmente un antro chanante Las Grutas de Emmanuelle? ¿Aprovecharan los argentinos para desvalijar el piso de la Corominas? ¿Saben que la portera tiene la regla? ¿Accederá algún día Vanesa a practicar el anilingus? ¿En caso de que así sea, contraerá un papiloma o una clamidia? Háganse con el pertinente diagnóstico en el próximo capítulo de El canalla, una radionovela de campeonato.

© 2012 Jaime Gonzalo.

 

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