EL CANALLA. Capítulo 27.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

No parece muy propicia a las aventuras la aplatanada existencia que lleva Paco desde que se ha hecho novio formal de la Vane y comparte con esta, la Maru, la cabeza del inspector de hacienda y un chucho microscópico un coquetón pisito en el popular Paralelo barcelonés. Tirado todo el día en el sofá, su única responsabilidad consiste en sacar a pasear el perro, tarea en cuyo cumplimiento le habíamos dejado. Pero, ¡cuidado!, las apariencias engañan.

***

Ya en la escalera, Paco metió al chihuahua en la bolsa de la basura y como pudo comprimió ésta en el buzón de devoluciones, según era su costumbre. Libre ya de incómodas cargas, encaminó sus pasos hacia el bar El Cachirulo, donde le esperaba un amigote que se había echado en su nuevo barrio, un tipo al que apodaban el Recortada. Era este un sujeto de muy mala catadura, y nadie sabía a ciencia cierta el por qué de su mote. Unos decían que siempre llevaba consigo una escopeta de caza con los cañones recortados. Otros aseguraban que una amante suya, en un ataque de celos, le había rebanado dos centímetros de pilila mientras dormía la siesta. La cuestión es que Paco y él se habían hecho inseparables. Nada más entrar en El Cachirulo, Paco divisó a su colega jugando a la máquina de los marcianos mientras se soplaba un carajillo de litro. Al verle, el Recortada se descojonó como siempre hacía de la bata de guatiné…

—Coño, pero zi e er Paco vetío otra ves de emperatrí Zizí… juas, juas, juas.

—No te paze un pelo tú conmigo que t’amputo lo que te quea de rabo, pishacorta.

—Yo acontigo me pazo lo que me zale lo cohone y mejor hará tu vigiliando que no te meta yo pol culo eza bata de maricona que me allevas.

—Pol culo te gutaría a ti que metieze yo eta máquina marsiano, que a maricona nadie te gana.

Finalmente, tras una larga y tediosa hora y media de intercambio de invectivas, la discusión se zanjó con una mutua risotada, manotazos en las espaldas varios, una exaltación de la amistad en forma de prolongado abrazo, un par de fuentes de langostinos a la plancha y tres botellas de vino peleón que los dos compadres se ventilaron en un santiamén mientras la gramola vomitaba una y otra vez el «Achilipú» de Dolores Vargas la Terremoto, la canción favorita del explosivo duo. Ese era su programa habitual. Primero se chuleaban un rato, y al cabo «ná» volvían a ser amigotes del alma. Sus juergas y francachelas eran bien conocidas en el barrio y la gente, siempre tan mal pensada, ya empezaba a comentar la afición que el legionario le estaba tomando a la buena vida, al morapio, a los langostinos a la plancha y al noctambulismo. Entre las muchas «proezas» del binomio, era especialmente recordada su incursión en el bingo El Cartón Afortunado, donde su mal perder se tradujo en una fenomenal algarada por la que la señorita que cantaba las bolas acabó con las bragas bajadas y el bombo metido por donde ustedes ya pueden imaginarse, sometida por ambos sátrapas a una virulenta sesión de deep throat que, de tan radical, gozó del caluroso aplauso del público allí presente, cuya parte masculina no dudó en imitar aquella penetración bucal una vez Paco y el Recortada eyacularon en el mismísimo hiato esofágico de la forzosa felatriz. Ay, qué bien se lo pasaban ambos narrando sus hazañas a la clientela de El Cachirulo, audiencia no menos forzosa, pues si alguien protestaba ya podía ir preparándose para lo peor. Como aquel pobre hombre que un buen día entró a tomarse un café y osó interrumpir a los oradores para llamar la atención de Marcial, propietario del establecimiento y a la sazón único camarero en funciones. Al desgraciado aquel primero lo encerraron en el lavabo, y una vez se cansaron de pegar la chapa en El Cachirulo, se lo llevaron al Studio 54 y allí lo arrojaron al vacío desde el gallinero. Su cuerpo reventó sobre la pista de baile, llevándose por delante a dos new romantics que en aquellos momentos se encontraban bailoteando al fantabuloso ritmo de Spandau Ballet.
Otro mérito a su popularidad en el barrio lo constituía el hecho de que ambos se habían presentado a un concurso televisivo de jóvenes talentos. Bajo el nombre artístico de Los Lerendas, su tema «Mariscada, bingo, putas y cocaína» provocó el estupor del jurado, las censuras de todo tipo de asociaciones, la excomulgación de la iglesia y el fervor popular de sus vecinos, que durante una temporada acudieron en masa a El Cachirulo para escucharles cantar en directo tan sinpar himno, cuya letra, más o menos, iba «asina»:

(Paco) ¡Mariscada!
(Recortada) ¡Bingo!
(Coros) ¡Putas y Cocaína!
(Coros) Nainanainananai, nainanainananai
(Paco) Olé mis santos huevos, que gordos que los tengo
(Recortada) Me los rasco si me pican, y lustrosos los mantengo
(Coros) Tracatracatracatá, tracatracatracatrú
(Paco) Yo pienso con las pelotas, y nunca me lavo la polla
(Recortada) No paro de echar potas, y me rallo tope la olla
(Coros) Achibiribiribirí, achibiribiribirá
(Paco) Me da a mí que hoy la lío, que si no no sé pa’ qué he salío
(Recortada) Primero unos bogavantes, despues un par de cartones
(Paco) Aluego un buen polvo, y pa acabar la naris me empolvo
(Recortada) Ese es mi rollito guapo, a mí nunca me verás por el Agapo
(Coros) Miramiramiratú, miramiramiraél
(Paco) Mañana será otro día, y me lo pienso papear como una sandía
(Recortada) Eso eso, vivir a tope y que nadie te la de con queso
(Coros) Requetequerequeté, requetequerequetá
(Paco) Tomen pues buena nota, quienes quieran irse de la pelota
(Recortada) Aquí los lerendakaris les soplan, las reglas básicas que molan
(Coros) Daputifaputifá, ehta noche a triunfá
(Paco) ¡Mariscada!
(Recortada) ¡Bingo!
(Coros) ¡Putas y cocaína!

EPILOGO:
¿Ejercerá una buena influencia el Recortada en el anormal de Paco? ¿Les volvieron dejar a entrar en El Cartón Afortunado? ¿Resisitirá Filomeno su encierro en el buzón sin dejar escapar una gota de pipí? ¿Fue justa la decisión del jurado del concurso televisivo al que se presentaron de eliminar a los Lerendas en la primera vuelta, sin darles la oportunidad de presentar otros temas como «Yo con sífilis, tú con gonorrea» o «Cómo me revienta la parienta»? Que no se les pase ni por alto ni por bajo el próximo episodio de El canalla, una radionovela chunga hasta decir basta.

© 2012 Jaime Gonzalo.

 

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