EL CANALLA. Capítulo 29.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

El Recortada le ha propuesto a Paco pegar el palo del siglo. Atracar el Banco Central, nada más y nada menos. Tentarle ya le tienta la idea al muy insensato, pero también le preocupan las consecuencias que eso pueda tener en su relación con Vanesa. Ambos tienen planeado casarse en un futuro cercano celebrándolo por todo lo alto en una tasca de la Barceloneta, cosa que si le trinca la pasma se irá al garete y significará también el adiós a la luna de miel en Sabadell con que tenían pensado coronar la nupcia. Aigs, qué complicado es todo, queridos oyentes.

***

Finalizado el festival en El Cachirulo, no hubo manera de convencer al Recor de que no podía quedarse a dormir en la cama del sufrido Don Onofre, que había perdido el conocimiento al quinto polvo que le metieron los Lerendas, persuadidos de que se trataba de un travesti argentino oriundo de Galicia. Por su parte, Paco regresó a casa ya clareando el día y dando unos tumbos que parecía un paquebote zarandeado por las olas del Cantábrico. Madre mía, que curda. Para recuperarse se acercó hasta un figón de la calle La Cera que nunca cerraba, y allí se ventiló un par de tortillas de patata de un metro de diámetro cada una y una botella de tinto incunable. Aun con lo pasmoso de la borrachera, no conseguía alejar una preocupación de sus pensamientos. ¿Debía confesarle a Vanesa los planes del Recortada? Milagrosamente pudo llegar hasta el portal de casa y, una vez logró acertar la llave en la cerradura, sacó a Filomeno del buzón, le estrujó las pelotillas para que orinara en el felpudo de la portera, lo introdujo de nuevo en el bolsillo de la bata de guatiné y subió parriba poniendo cara de distraído. Como Vanesa ya estaba acostumbrada a esas escapadas consentidas, se hizo también la longuis cuando Paquillo entró en casa. Se hallaba la Vane preparando la comida: buñuelos de bacalao, puré de patatas, sopa juliana y de postre un polo de limón. Desde la cocina, le dijo a Paco a modo de saludo…

—Te va a shupá lo dedo, mi vía. Hoy te preparao un banquente de primea. Lo ma difisí a sio pelá lo polo. No vea tu lo mal que lo hasen ahora. Se engansha too er paper ar polo y no hay dio que lo desenganshe.
—No tengo hambe. Guárdamelo pa sená o dázelo ar Filomeno.
—Joer, Paco, ziempre la mema hitoria. Te pone a pica por ahí toa la noche en el Cashirulo con tu amigote como un loco y aluego ze te va er apetinto. Azina no hay manera de que una alimente a su marío desentemente, coñe.
—Oye, Vane, ¿tu ere felís conmigo?
—Anda, toma, po claro. Que pregunta ma tonta. Pa se felís completamente der to solo me farta que me deje embarasá. A ve si lo sientífico ezo epabilan y conziguen decubrí argo pa que lo traveti podamo tene densendensia como to er mundo.
—No, no, Vaneza, yo me refeiro a sino esha de meno tené ma coza, a zi etá contenta con la vía que llevamo. ¿No te guataría ze rica y llevá abigaso de piele y que to er mundo te trataze como a una zeñora?
—Huyyyyyyyyy ¿a qué viene tanta martingala, Paquito? ¿Me quié tu desí arguna coza y no zabe tu cómo? ¿E que te ha metío en argún lío con eze malaje der Recortaa?
—Hombre, pueeeeeeee…
—Ni hombre ni mujé. Zi ya lo zabía yo que eze criminá te iva a pervetí a ti, con lo bien que etaba tu zin zu mala influensia, me cagüen su puta calavera. Mira, Paco, zi me antero de que etai pensando cometé arguna barbaridá yo me zeparo de ti, ¿eh? No divorsiamo cagando leshe…
—Pero zi no etamo cazao todavía, Vane…
—Me da iguá, pa mí como zi lo etuviéramo. Una e mu desente y no quié verse meclá con criminale. Ademá, me ha salío un trabajo mu majo en un ba mu modeno que van a abrí dentro de na y donde va a i toa la modenidad de Baselona. Zeguro que yo allí me zaco propina sutansiosá hasiendo mamá a lo cliente debajo la barra cuando no mira er jefe. Fíjate, Paquillo, con er zueldo y zobrezueldo que allí me zaque hata podremo empapelá er comedó y poné bidé nuevo en er lavavo. Pa se too pefeto zolo farta que encuentre tú curro. Man disho que en la dicoteca El Clavo hase farta un tio fuete pa que haga de potero. Yo conosco mu bien ar dueño, que ante era cliente mío. Podría recomendate…

Viendo que Paco seguía mas meditabundo que el pensador de Rodin, Vanesa tuvo la idea de animarle y camelárselo improvisando un etrizptí, como ella decía, osease, en román paladino, un strip-tease o sensual despelote. Puso en la casete una cinta de marchas militares de esas que tanto le gustaban a Paco y procedió a quitarse el camisón quedándose en braguitas y zapatillas. Despues cogió los buñuelos de bacalao y allí mismo en la cocina empezó a restregárselos lúbricamente alrededor de los pezones, luego por las axilas, despues por la entrepierna y las plantas de los pies, para finalmente introducíselos en las braguitas junto a sus paquidérmicos huevos…

—Zi mi niño quiere ezo buñuelo ya zabe donde tiene que bucá…

Paco no estaba para monsergas. Ni caso la hacía. Pero la Vane ya se había disparado y cogió los polos y empezó a introducírselos por detrás rememorando la violación de que en tiempos infantiles había sido objeto en la playa por parte de un desaprensivo heladero. Cerda del todo y comprobando que ni por esas se arrancaba Paco, se lanzó directa hacia el televisor para masturbarse con la cabeza del inspector de Hacienda que reposaba sobre el aparato. La chola del agente tributario, al reparar en aquella bestia que se le venía encima rebozada en aceite de buñuelada, los polos regalimándole por el ojete y las malas intenciones escritas en la mirada, pegó un bote sobrehumano y aunque naturalmente cayó de cabeza y se hizo un daño de la hostia, consiguió escapar momentaneamente a su horripilante sino rebotando en el suelo hasta llegar al cestillo en el que Filomeno, como siempre, se encontraba cepillándose a un muñeco del pato Donald que tenía el pobre animalejo para desahogar sus urgencias, que a tenor por lo observado en la casa, eran continuas y exigentes. Viendo el chucho que le caía del cielo aquella oportunidad, ni corto ni perezoso lanzó al pato Donald a un lado y se abrazó a aquella cabeza como la garra de Alien, haciendo ventosa y con la microminga incrustada en la boca del de Hacienda. Este ni se enteró de que Filomeno le eyaculaba dentro, de tan eximia que era la lefilla del chihuahua, pero aún así no pudo sino maldecir su nunca mejor dicho perra suerte.

Como el chucho se econtraba agusteras, despues de correrse se durmió pero sin dejar de hacer ventosa. Al principio les hizo gracia al Paco y a la Vane, pero cuando la cabeza se empezó a poner morada se asustaron de veras. Le habían cogido cariño al melón aquel. Y además quedaba muy bien encima de la tele y ayudaba a que la antena sintonizara mejor. Paco probó dándole de puntapiés al bicho, pero como todavía iba cocido no guipaba un pijo y todos iban a estrellarse contra el cráneo del recaudador. Tuvo que ser la Vane quien discurriera un plan. Sabedora de que Filomeno se pirraba por los buñuelos, le acercó al hocico su paquete. Nada mas olisquear la grasa fritangosa que impregnaba las bragas de la Vane, Filomeno despertó de golpe y fue atraído por su dueña hasta que consiguió introducírselo en el paquete junto a los buñuelos y su descomunal falo y correspondiente saco escrotal. Y así, abrazado con ventosa al pene y zampándose los buñuelos, se quedó tan ricamente el perrete. Mientras tanto, Paco intentaba devolver la cabeza a su lugar original lanzándola como si de una bola de petanca se tratara. Como veía doble y no había manera de acertar, se tiró un par de horas intentándolo. Turulato perdido y forrado a moretones y chichones, el cabezón de Hacienda solo pudo detenerle recordándole que estaba a punto de empezar el telediario de Jesús Hermida. Como pudo, Paco dejó el cabezo sobre la tele para que la antena sintonizara. Segura ya en su sitio de siempre, la cocorota del inspector de Hacienda solo tuvo ferzas para decir…

—Una arroba de aspirinas y un frasquito de lilimento Sloan, por el amor de dios…..

EPILOGO:
¿Ven ustedes a Paco haciendo de portero de discoteca sin partirle la cara a nadie? ¿Encajará algo como Vanesa en un bar de copas de diseny? ¿Dejará embarazado Filomeno al muñeco del pato Donald de tanto chingárselo? ¿Le paliará la aspirina el dolor de cabezabolo al inspector de Hacienda? Ni idea, pero por si acaso no se pierdan el próximo capitulón de El canalla. Una radionovela que mira tú que tiene tela y funciona a manivela.

© 2012 Jaime Gonzalo.

 

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