EL CANALLA. Capítulo 15.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

Pere le ha hecho saber a Oriol que su verdadera ambición es coronarse emperador del mundo y convertir el planeta en un nido de homosexuales patológicos. Pero un problema acecha, la Menchu y el CHE, otro grupo terrorista-separatista con sede en Valencia que alberga planes similares de dominación mundial. Hay que darse prisa, ha dicho Pere, y Oriol se apresta a entrar en acción.

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Boquiabierto ante las delirantes proporciones que está adquiriendo el plan de su amante, Oriol empezó a sospechar que Pere podía no encontrarse en sus casillas, resultando incluso peligroso para su salud. Pero como era un calzonazos, no dijo ni mu y siguió escuchando con fingida atención —en realidad estaba pensando en una bufanda de esparto muy mona que había visto en una tienda de Toni Miró— mientras el cabecilla del FGP seguía enumerando instrucciones sin visas de que estas tocaran a su fin en un futuro inmediato.

—Ven pacá, tont del cul. Para empezar toma este dónut envenenado. Le he inyectado una potente solución que no obstante tarda varios días en surtir efecto, pero cuando lo hace te deja tieso. Se lo regalas a tu vecina, la Corominas, te aseguras de que se lo coma, y luego la seduces y le sacas toda la pasta que la muy bruja debe tener escondida de lo que le dejó su marido. Tienes tres días para conseguirlo. Si tardas más será inútil, porque el dónut le destrozará las tripas.

Oriol cogió el mefítico dónut con manos temblorosas y se lo miró cuidadosamente, como comprobando si su aspecto podía despertar sospechas en la Corominas. Pero no, era redondo, pegajoso, hipercalórico y con un agujero en medio. Como todos los dónuts.

—Está bien, Pere, ara mismo me visto y bajo a veure a la Corominas.

Mientras tanto, Paco seguía cautivo de la destinataria de aquel letal producto de bollería industrial. Para mitigar el aburrimiento y hacer más soportables las horas muertas de aherrojo, decidió contar unas cuantas de sus temibles anécdotas militares a sus compañeros. Estos, sin posibilidad de huida, tuvieron que escucharle que sí o que sí.

—Poz zí, colegui, la vida caztenze e argo epeziá. Recuerdo yo q’un día pazéabamo po Seuta mi compadre Emiliano Sabañones y yo. Teníamo un permizo mu majo y ni putaidea de que haser con er, azina que desidimo ir a montá una buena en er basar dicoteque Mustafá. Er camaruto no vio vinir de lejo y zopechó de nozotro enzeguia. Coño, no ze por qué cohone pero la gente ziempre zopesha de lo liginario. Bueno, pue utee vozotro no zus vai a cree lo que allí pazó. Le pidimo cuatro litro calimosho y no lo bibimo acompañao cuatro perolo de grifa que te cagaba tu lo betia quera aqueya mandanga. Total, quel Zabañone y yo empesamo a alusiná como loco y a reíno a lo betia. Y val camaruta der Mutafá y nos dise que yata bien d’armar la bronca, que o no vamo de allí o llama a lo PM. Azina quel Emiliamo me agarra un mojqueo cohone, se sacar er mashete y le corta la cabesa ar camarero dun tahjo. Y luego va y se la empiesa a comer er muy serdo a bocao limpio. No veai vozotro, troncoz, como ze puzieron lo otro moro kabía allí en la dicoteque. Hesho uno energumeno, vamo. Total poque lavíamo cortao er cabeso a un moro mierda, fihate tu que menudensia. Pero ná, ello dale que te pego con la cantinela de «paisha malo, paisha joputa, paisha corta cabesa a ermano seutí». Y en ezo k’al Emiliano se le hinshan lo cohone y me monta una ecabeshina en er Mutafá que ze caga hata er dromedario de Lurens Daravia. Empiesa a pegá mashetaso po quí y po allá, y… ¿a qué no zabeí que pazó entonse, eh, pardilloz?

—Pues no, buen hombre —respondió en nombre de toda la audiencia el marqués—, díganoslo ya y no nos tenga por más tiempo en vilo, que sus anécdotas son muy edificantes.

—Poz quel Zabañone iba tan siego tan siego quen una deta va y se quivoca, ze le enreveza er braso en un molinete, sase la pisha un lío y se clava er mashete en el cuello er mu animá. Entonse voy yo payudarle, pero como también voy mu siego en ve de tira el mashete hasia atrá voy y lompujo padentro. Y entonse, jua, jua, jua…verí vozotro que bueno…jua, jua, jua… entonse sin darme acuenta voi y le arranco la cabesa ar pobre Zabañone de tanto tirá der mashete. Huy, tu, que contento ze puzieron lo moraco. Minvitaron a cucú y too y hata misieron un carné de sosio pa entrá por la filo en el basar dicoteque Mutafá. O zea, que sundía vai po allí zolo tení que desir que zoih colega der Paco, el que le cortó er melón ar bruto der Zabañone… jua, jua, jua, jua.

EPILOGO:
¿Vencerá la gula a la Corominas y se ventilará esta el dónut de un bocado? ¿Tiene guardada en la recámara Paco otra de sus bonitas y ejemplares estampas castrenses, por ejemplo lo del cabo Ontiñano, los terribles rumores que circulaban sobre el capitán Domínguez, quizás aquella fea historia sobre el alférez Pereira que se hizó célebre en los cuarteles de media España durante 1978? Enriquezca su cultura militar escuchando los chismes del lejía en el próximo capítulo de El canalla. Una radionovela de zafarrancho de combate.

© 2012 Jaime Gonzalo.

 

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