EL CANALLA. Capítulo 16.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

Mientras Oriol cubre sus enlefadas desnudeces para colarle el dónut envenenado a Dña. Amparo, los esclavos de esta matan el rato escuchando las insoportables y zafias anécdotas que Paco rememora de sus gloriosos días sirviendo en Ceuta. Finalizada su historia sobre la accidental decapitación de Emiliano Sabañones, el lejía amenaza con contar más batallitas. ¡Qué suplicio, Señor!

***

¡Escucha aquí el capítulo original!


—Ké, o a gutao? Po ahora o voi a contá otra de buena, azina que mabrís bien lo orejone, reclutaz. Verei, etaba yo hasiéndome una garita con er Recazenz, qera un shaval mu majo de Molleruza, cuando va y ze no aparese Fray Martín de Porres disiéndome no se que leshe de quemo sío ecojío pa liberá Epaña der yugo zozialita. Y entonse va er Recazenz y…

—Pero hombre —interrumpió el marqués—, ya está bien de calentarnos los sesos con esas monsergas. Que no está el horno para bollos. No nos haga más penosa aún nuestra desgracia con esa cháchara sin sentido, que parece usted una cotorra.

—Cagüen tu muerto, aspirócrata, queso e lo que ere tú, un aspirócrata.

—En todo caso querrá usted decir aristócrata, señor mío. Pues sepa usted que así es. Por las venas de mi linaje corre sangre azul desde tiempos inmemoriales, bueno, desde que el Caudillo me concedió el marquesado en recompensa a mis desvelos por el glorioso Movimiento y porque tuve a bien prestar unos terrenos míos en el Montseny para unos ejercicios espirituales de la OJE, que, por cierto, acabaron en orgía, aunque de eso la prensa nunca se enteró. Que yo también tengo mis historias. Por lo tanto, no voy a soportar ahora las impertinencias de un plebeyo medio chiflado que nos cuenta como decapita a sus amistades.

—A mi amitae y a mi enemitae le corto yo er cabeso, ¡oho! Asina qándate tú con musho cuidao que no zea qun día te depierte tú sin melón. Que tengo yo mu mal café. Que tu a mí no me conose cuando me pongo borde. Si no fuera por eta caena te iba yo a ti a calla la boca. Que cuando se me pone mala sangre soy yo capá de too. Ahora verá tu, apirócrata lo huevo… mpfffffff… urffffff… gññññññ… zitio, que voy…

Los esfuerzo de Paco contrayendo sus tripas culminaron en una vengativa, sonora y nauseabunda flatulencia cuyo apestoso hedor se esparció por toda la mazmorra anestesiando a los demás cautivos. Con la audiencia convenientemente aletargada, Paco reanudó su informe verborrea con renovada energía. Mientras tanto, Oriol pulsaba el timbre con melodía, en concreto la de «L’ou com balla», del segundo tercera, dispuesto a trabajarse a la Corominas antes de darle el pase. Esta, de nuevo con aspecto de recatada viuda, echó una precavida ojeada por la mirilla, descorrió los ocho cerrojos de seguridad y abrió la puerta.

—Huy, que sorpresa, pero si es usted. Dígame, ¿en qué puedo servirle, joven?

Oriol, que era un desastre, no había preparado ninguna excusa para endilgarle el dónut, así que tuvo que improvisar.

—Hummm, pues, a veure, esto, sí, uh… ah, sí, ya menrecordo. Verá, doña Amparo, resulta que he ido a hacer la compra y una señorita muy mona de Panrico me ha regalado dos sobres de cromos y este dónut. Como yo no soy de dulses, me he dicho, apa, Oriol, regálaselo a tu vesina. Como se que usted es una golosa. Y aquí estic, guaita.

—Ihhhhhh, que detallazo, hijo mío. Traiga, traiga, se lo acepto con mucho gusto.

Amparo le arrancó el dónut de un manotazo a Oriol. Se lo miró un buen rato con el ceño fruncido mientras en su interior pensaba en el gusto que le daría de frotárselo por el parrús, la muy gocha. Finalmente, dejando asomar un mohín de disgusto, rechazó la pasta diciendo…

—Mire joven, me lo he pensado mejor y creo que no debo aceptarlo. Lo siento, Oriol, pero en aras de conservar mi grácil figura debo hacer ciertos sacrificios.

Oriol hizo crujir el cacumen y pensó una excusa para convencerla.

—No se preocupe, Doña Amparo, este es un dónut espesial, un nuevo modelo que acaba de salir. Está biodegradado y recontradescafeinado. No solo no engorda, sino que alimenta y encima adelgaza. Es ultralight. No le producirá ni un cochino gramo de grasa que pueda deformar su flaca silueta de modelo anoráksica.

La Corominas, que se moría de ganas de hincarle el diente y las muelas al dónut, quedó satisfecha con aquella explicación. Agarrando de nuevo el dónut, dijo…

—Ah, pues en ese caso no se hable más, ¡padentro!

Lo engulló con glotonería, aunque pesarosa por no habérselo podido frotar donde ya sabemos, y con la boca llena a rebosar, dijo:

—Ñam… grunch… orfff… glonchh… Oriiiiol… mpfff… está riquísimo, pero… fuorfff… ¿No estará envenenado este… grunchhh… dofmñnut… verdá?… Ji, ji, ji…

EPILOGO:
¿Sospecha algo Dña Amparo o lo ha dicho por decir? ¿Aguantará la compostura el pazguato de Oriol ante tan inesperada reacción? ¿Adelgazará de verdad el dichoso dónut ultralight? ¿Le cortará la cabeza Paco al marqués? Póngase al loro escuchando el próximo episodio de El Canalla. Una radionovela con mucha tela.

© 2012 Jaime Gonzalo.

 

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