EL CANALLA. Capítulo 24.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

Desatada la sin hueso por la droga, Vanesa le ha contado su vida a Paco, de pe a pa y sin dejarse ni una coma. Prolija en episodios escabrosos y grotescas aventuras, la barrila ha adquirido tales dimensiones que Paco ha decidido que es preferible palmarla de sobredosis a seguir aguantando semejante monserga. La contundente loncha de spidvol que debía fulminarle el corazón, sin embargo, opera reconstituyentes efectos en el derrumbado organismo del lejía.

***

El señor tiro aquel de speedball le sentó a Paco como a diossss. Para acabar de recuperar las fuerzas le ordenó de malas e imperiosas maneras a la tranny que fuera a la cocina y le preparará un tentempié. Vanesa partió rauda a cumplir con su misión, dando brincos y más contenta que unas pascuas. Como no disponía los ingredientes necesarios para elaborar su platillo especialidad, esto es fritanga de casquería sazonada con anfeta, optó por calentar unas bandejas de canelones que la Corominas se había dejado en el horno antes de ser secuestrada por la Menchu y sus cocineras ninfómanas. Después metió treinta canalones, dos rodajas de tomate, medio kilo de cebolla cortada muy fina, un chorrito de aguarrás y un poco de pimentón murciano entre dos hogazas de pan de payés y le presentó tan macanudo bocadillo a Paco junto a una botella de Baileys más caducada que el carnet joven de Sarita Montiel.

—Toma, corasón, merienda, que etá tu cresiendo y tas dalimentá. Mientra te lo come te contaré como conosí a tu hemana…

—A mi hemana ni la miente, fransntenstein. Que me la a pevetio, joé. Una shica tan desente envuerta en azunto tan susios. To po tu curpa, maricón, gosha, ezirviziornita… mía que pazeaze con er culo al aire por toa Barselona…

—Quietooooo, león, queta hesho tú un león. Masho, má que masho. Anda, pégame, dame fuete, arréame patá en la boca, hasme sangrá, viólame aquí mimo, cómete mi peluca… Ayyyyy… que me pongo a sien. Arráncame la pié a tira zi ezo tase felís, vida mía. Ecúpeme, méame ensima, cágate en mi ensía. Hasme to lo que quiera, que yo me adejo. Papéame viva, meno er rabo, zi te da aco.

—Pero tu etá loca datá, a ti er inzpivol te azidenta mu malamente. Anda, hame otro tiro a mí y mientra me papeo er bocaíllo me cuenta como conosite a Maruja, que asina po lo meno tetará tu quieta un rato. Mecaguen Mikel Landón y laz niñaz de la caza la praera.

—Po verá, corasón. Fue ete verano pazao. Etaba yo en la Barseloneta tomando er zó en pelota, poque te he de desí que atengo lo pesho operao y paresco la Raquel Guelch, azín que entenía gana yo de lusí mi cuerpo serrano en la playa bien embadurnao de aseite de zardina cantábrica, que disen que apone mu moreno. Y antonse va un tarsán de playa, se me aserca y me dise: «oye, guapa, que te a cresío una salsisha entre la pienna». Y voy yo y le repondo: «qué va, majo, la salsisha no e mía, se la he peío pretá a tu puta madre, somaricón». Y antonsas va er tío y aviza a otro tarsane que avían po allí en tanga jugando ar bomvibol y alevantando pezaz. Y hala, otra ves too er mundo a metese conmigo y a decohonarse mi pisha. Ensima de lo que a mí me moleta tenela va la gente y ze ríe. Ya te digo yo, Paco mío, que zoi una degrasiá y que las gente e mu cruel y shunga. Po bueno, meno mal que aparesió tu hermana cuando etaban a punto de meteme una peza de oschenta kilo por er culo, que tengo yo la negra, hotia puta. Arresulta que Maruja andaba por allí tomando er zol, pero ella zolo en torsprsles…

—¿En tozpels? ¿Tiene ezo que ver con la toferina?

—Qué burro q’ere. Quie desí con la teta ar aire

—Cooooóómmmmmoooo… Queeeeééééééin… mi Mausa enseñando la teta en una playa pública… Ezo sí que no… Ahora mimo voi y le pego una palisa pa que apendra y aluego le grapo yo un ferpudo ensima la teta pa que no puea enseñala en lo que le queda deta puta vía…

—Huy, que antiguo me zale tu ahora, Paco…

—Ni antiguo ni niño mueto de la ecolanía de Monserrá. Ezo e… demaziao. Que sea puta vale, pero que me enzeñe lo melone po ahí y de grati, en una playa donde la gente desente va a tomá er zol, y lo ninio juegan a hasé catillo darena, y lo ansiano se curan er reuma, y lo helaero ze ganan la vía, y la ola setrellan zerena contra larena… Ezo no ze pue conzentí. Yo e que la mato ahora mimo…

—Lo que tu diga, Parquito, pero como tiba disiendo, tenía yo ya aquella peza de oshenta kilacos encañonándome er ojete cuando la Maruja ze prezenta acompañá de siento siete travetí brazileño que cazuarmente sencontravan allí en la playa selebrando er cumpleaño de Pelé. La Maruja ze había quedao con lo tarsane aquello que me etaban puteando y le había pedío zolidaridá en mi nombre a lo carioca, que no vea tu lo pollone que tenían. Pa mí que lo llevaban inyetao de zilicona también, como lo morro, er culo, la teta y praticamente too er cuerpo, que azí ya podrán, coño. Pos bueno, a lo tarsane hijoputa aquello le zalió er tiro po la culata, poque lo travetí brazileño cayeron zobre ello, le arrancaron lo tanga, le partieron lo diente la boca a gorpe de peza y le metieron por culo aquello pollone hata lo huevo. Menua lesión leh dieron, jas, jas, jas…

Y pensando en aquellos monstruosos penes do Brasil, en aquellas relucientes y depiladas pelotas mulatas, en aquellos charcuteros labios ipanemos, temblequeando todo ello al desenfranado ritmo de una samba, Vanesa tuvo una calentura y empezó a imaginarse una orgía en las playas de Copacabana en la que todos y cada uno de aquellos ciente siete superdotados travelos brasileños se la pasaban por la piedra mientras ella chillaba de gusto con unos alaridos que podían oírse hasta en Pernambuco. Ensimismado en su bocadillo, Paco ni se enteró cuando de un rápido movimiento Vanesa se arremangó la minifalda, se arrancó las bragas de un zarpazo y dejó libre su nabo, que no era moco de pavo, para que eyaculara por sí solo gracias a tan portentosa y sucia imaginación. Copioso y mayestático, el chorro de esperma resultante describió un gracioso arco y fue a parar con extraordinaria puntería al gollete de la botella de Baileys, que Pacó se sopló de un trago, relamiéndose los filamentos de semen que se le habían quedado colgando de la comisura de los morros.

EPILOGO:
¿Es Paco realmente un antiguo o tiene razón al pretender que su hermana Maruja no saque de paseo las pechugas? ¿Los travelos brasileños, se inyectan en la polla botox además de silicona? ¿De haberse consumado la penetración anal con una pesa de ocho kilos, habría disfrutado Vanesa como una perra o por el contrario le habría hecho pupita? Ah, amigos, cada día preguntan ustedes más cosas. Achanten ya y aguarden a escuchar el próximo episodio de El canalla, una radionovela hormonada, operada y transfigurada.

© 2012 Jaime Gonzalo.

 

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