EL CANALLA. Capítulo 37.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

De espectacular puede calificarse la impresión que ha causado Vanesa en su inopinado debut en El Molino, tras salir disparada de Can Chicharelu, dejándolos a todos plantados. Pero no menos sensacionales acontecimientos están a punto de desarrollarse en el susodicho antro culinario del Poble Sec, donde Paco y Úrsula se dedican a seguir las a veces brutales indicaciones de la naturaleza, que los tiene a ambos a punto de caramelo para culminar sus hazañas con un tour de force que ni Fellini.

***

Ya causando daños multilaterales el engrudo de papeo, alcohol, rayas y mamadas que empezaba a depositarse en su cuerpo y espíritu, Paco celebró la oportuna partida de Vanesa abandonándose a una nueva y prometedora erección, listo para degustar cualquier oportunidad que la noche le deparara en su generosidad, tan rebosante de sorpresas. Desafiando las airadas miradas que les lanzaba el resto de comensales, lógicamente hartos ya de tanta movida, Paco y Úrsula se encontraban de nuevo alborozándose el uno al otro con toda suerte de actos indecentes, salpicando su pública lascivia con una amena a la vez que soez conversación, desarrollada como aquel que dice a gritos. Ya podían hacerse los ofendidos, ya, los otros clientes que abarrotaban Can Chicharelu, pero no se perdían detalle de lo que sobre aquella mesa transformada en impúdico tálamo se decía. Con la boca abierta y el tenedor paralizado ante ella, eran todo oídos al pornógrafo diálogo que en aquellos instantes conducía Úrsula mientras se masturbaba abiertamente su totémico órgano viril, que encontrándose ella cómodamente estirada boca arriba sobre la mesa, se elevaba hacia las alturas cual secular estalagmita…

—Eteeee, vite, que bueno que se fue esa boluda, pibe. Ya empesaba a impasientarme. ¿Os conté lo que me recomendó el psiquiatra en Buenos Aires para aplacar la ansiedad? Ay, la pucha, era un farsante pero no veáis vos lo gorda que la tenía…

La proverbial impaciencia de Paco dejó momentaneamente a la audiencia en suspense, pues interrumpió el relato de Úrsula para meter cucharón…

—Déhame tu a mí de siquistriatas y dotore der cabeso, que a mí no me hase farta la siensia pa sabé lo que a ti te conviene… Pa empesá, una vuena humiyasión delante de too er mundo…

Y efectivamente parecía que todo el mundo se encontrara pendiente de lo que se decía en aquel altar del vicio. El enhiesto macrofalo de Ursula a modo de hisopo, la techumbre de Can Chicharelu haciendo las veces de ábside, un Paco sacerdotal a punto de celebrar el obsceno sacramento de la fornicación. Cocineros y camareros se habían sumado al público, abandonando sus tareas, también la partida expedicionaria que en esos momentos llegaba al restaurante procedente de El Molino, olvidándose por completo de que su misión consistía en apresar a los adúlteros y someterlos a juicio popular en el escenario de la famosa sala de varietés. Astuto negociante, Gregorio, el propietario de Can Chicharelo, aprovechó que la ocasión pintaba calva para amontonar en las mesas platos y bebidas que nadie había pedido, abultando así las cuentas. Para hacerlo más sugestivo, echó las persianas, encendió la radio y apagó todas las luces salvo la que iluminaba la mesa en la que se encontraban Paco y Úrsula revolcándose, cada vez más acalorados, mientras el legionario ponía en práctica su teoría de la humillación…

—Serda, que a ti lo que te va e que digan lo serda que ere, poque tú ere la ma serda de la serda, la gran serdasa, la supeserda, la serdota má serdosa de toa la serda, soserda, má que serda, requeteserda, muchiserda, putiserda, homoserda, sudacaserda, retroserda, murtiserda, maxiserda…

A cada nuevo insulto, el público jaleaba admirado de la facundia de Paco y la razón que el hombre llevaba, ya que, efectivamente, a Úrsula no había nada que más le excitara que le dijeran lo cerda que era. Sabedor de su pericia a la hora de meterse al público en el bolsillo, Paco se levantó, se puso cómodo sacándose los pantalones y los gallumbos, y con el rabo colgándole se dirigió así de saleroso a la audiencia:

—A vé, zeñora y zeñore, le propongo a too utee vosotros un zimpático concurzo conzitente en desile a eta serda er insurto má betia, capá daserla eyaculá. Er que lo conziga, ze la yeba a zu queo eta noshe y hase ayí con eya lo que le paresca y pueda.

Mientras Úrsula seguía masturbándose, el hinchado miembro untado con el romescu que un diligente Gregorio había puesto a su disposición a tal efecto, Paco cogió uno de los menús de Can Chicharelu, lo rompió en pedacitos, numeró cada uno de los fragmentos resultantes y procedió a venderlos como boletos para participar en el concurso al módico precio de dos mil del ala por inscripción. Mesa por mesa, poniendo encima de cada una sus huevos y correspondiente tranco, gorreando papeo y priba como si fuera el master de la getoblaster, recolectó así una nada despreciable cifra que se embolsó presto pese a las protestas de Gregorio, quien aducía que como propietario del establecimiento le correspondía un porcentaje de la rifa-concurso. Era tal la capacidad de brasear de Gregorio cuando la pasta andaba de por medio, que a Paco no le quedó más remedio que consultar con la cabeza del inspector de Hacienda el montante mínimo que debía retribuirle al hostelero, procediendo a liquidarle una cantidad muy inferior a la sugerida por el cabolo de la Agencia Tributaria. Una vez todos contentos, el público aplaudiendo la determinación de Gregorio y la (falsa) equidad de Paco, Úrsula más caliente que una estufa y la radio emitiendo «Eye of the tiger» de la banda sonora de Rocky 3, con la cabeza del inspector de hacienda en funciones de maestro de ceremonias, Paco y Gregorio como inapelable jurado, se dio paso al concurso. «Cochina», gritó uno. «¡Pilar Miró!», probó suerte otro. Al principio tímidamente, pero enardeciéndose progresivamente, la lluvia de improperios empezó a arreciar sobre Ursula…

—Putitranca… Burra… Asquerosa… Follagrifos… Comebifes… Hormonada… Pollaburra… Excrecencia patagónica… Imitadora de Libertad Leblanc… Calientahemorroides… Operada… Venganza de Moctezuma… Funcionaria… Lamemugres…

Nada, sin embargo, conseguía liberar la emisión de las secreciones de las vesículas seminales, próstata y glándulas de Cooper de Úrsula, obstaculizando por lo tanto la eyaculación anterógrada. Ella seguía dale que te pego con el cuello vesical haciéndose el estrecho, reteniendo los espermatozoides epidídimodeferenciales en la uretra anterior. Los insultos se agotaban, el ánimo de los espectadores también, hasta que Gregorio, mosqueado ya de tanta retención espermática y oliéndose que aquello podía invalidar la rifa, alumbró el siguiente feto del género invectivo…

—¡Serás barbuzán, chimpafigos y zalapastrana!

Aquello fue mano de santo aflojando la espita de los infiernos, oigan. El esfinter uretral externo de Ursula se abrió de par en par, los músculos perineales fueron contrayéndose por riguroso orden, esto es primero el bulbocavernoso, luego el isquiocavernoso, finalmente el pélvico, impulsando la salida al exterior de un compacto torrente léfico que parecía propio del departamento de efectos especiales de Spielberg. Qué copiosidad, qué densidad, qué cadencia la de aquel surtidor que con ayuda de una linterna Gregorio iluminó, haciéndole por unos instantes la competencia a las laureadas fuentes de Montjuic. Que aquella noche los astros estaban del lado del hacendoso empresario de la restauración, vínolo a dejar claro el hecho irrefutable que de entre todas las calvas allí presentes el cumshot de Úrsula escogiera la de Gregorio para aterrizar, derramándose sobre el resto de su persona cual líquido transmutador. Tanto fue así, que Gregorio se olvidó de todo… de las cuentas pendientes de cobrar, de la comisión que le pertocaba, del bote de las propinas que regularmente iba medrando a hurtadillas, de los céntimos caídos al suelo que podían rapiñarle los camareros al barrer el local. Todos sus sentidos estaban concentrados en una cosa: Úrsula iba a ser suya. Tan enquistado estaba en ese pensamiento que ni se dió cuenta cuando Merceditas, su mujer, se subió a la barra armada con un trabuco.

EPILOGO:
¿Se le ha caído el pelo a Gregorio, en el supuesto que lo tuviera? ¿Aguantará Úrsula el trajín que le espera como premio de la rifa, después de la que ha soltado? ¿Se instaurará de manera regular el concurso de insultos, abriéndose ante Úrsula una nueva carrera como es el caso de Vanesa en el Molino? No se pierdan el próximo episodio de El canalla. Una radionovela que ayuda a crear empresa.

© 2013 Jaime Gonzalo.

 

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