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El reverso de la movida

New Buildings

Se publicaba ayer en El País este nuevo texto, donde aprovecho la salida de dos recopilatorios para hablar del underground 80s de Barcelona…

El reverso de la movida

Sonidos industriales, electrónica y riesgo confluyeron en el ‘underground’ barcelonés de los ochenta. Dos discos resucitan aquel espíritu

Hoy parecería normal, porque la tecnología lo permite y el poder de las corporaciones discográficas ha decrecido dramáticamente, pero entonces equivalía a insensatez. A principios de los ochenta, todavía huérfano el transcurrir cotidiano de ordenadores personales y del universo virtual, de crowdfundings y de otras plataformas, Klamm, un humilde pero sorprendente grupo de rock experimental que comenzaba a dar sus primeros pasos en Barcelona, rechazaba la oferta de debutar en toda regla, servida en bandeja por la entonces todopoderosa CBS.

En aquella década de lo que se dio en llamar la movida, con el personal musical ansioso por protagonizar su particular pelotazo, soñando con fichar por una gran compañía y amasar cifras de ventas, se desarrollaba en los subterráneos de la Ciudad Condal una filosofía que sin pretenderlo devenía contramovideña: un pensar y un sentir amamantados por el espíritu libertario que la capital catalana hospedaba durante el resurgir de la CNT en los setenta y el zeitgeist de la tardocontracultura local, que en las antípodas de la actual “economía colaborativa” alentaban proyectos colectivos basados en el cooperativismo.

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Jaime Gonzalo.

«Dejad que los chicos se acerquen al rock», nuevo artículo en ‘El País’

Flamin' Groovies

Hoy se ha publicado en El País este nuevo artículo:

Dejad que los chicos se acerquen al rock

Si hay una banda que desmienta la eutanasia cultural que en los 70 se le practicaba al ‘rock’n’roll’ en nombre de la utopía lisérgica, esa es The Flamin’ Groovies

El rock’n’roll no feneció con Buddy Holly, al contrario de lo que aseguraba Don McLean. Ni la contracultura pudo con él. En plena catálisis psicodélica, Grateful Dead, Quicksilver Messenger Service y Creedence Clearwater Revival insertaban en su repertorio piezas de Chuck Berry, Bo Diddley y Dale Hawkins. La actuación más celebrada de Woodstock resultaba ser la de Sha Na Na, pandilla de bergantes universitarios comprometidos con el pingüe oficio del revivalismo de los cincuenta. Otro festival también de 1969, el Toronto R&R Revival, contaba en su cartel con Gene Vincent y Little Richard. En Inglaterra celebraban el London R&R Festival en 1972, protagonizado por Jerry Lee Lewis, Bill Haley y demás hipotéticos jubilados de una era extinguida.

Operadora de un renacimiento y no de una desmomificación, tonificante y atemporal, si hay una banda que desmienta la eutanasia cultural que en teoría se le practicaba al rock’n’roll en nombre de la utopía lisérgica, esa es The Flamin’ Groovies. Nativos de San Francisco pero desalineados de la gleba ácida, su nombre titila irreductible en el paladar de entendidos y estudiosos, usufructuario de un culto en constante renovación. Activos todavía con tres de sus miembros originales, aunque reducidos a pálido escombro de lo que fueron, no precisan de esa desvaída persistencia carnal para arrogarse la gloria. Durante doce rutilantes años, 1967-1979, orzando para escapar de vientos adversos, circunnavegaron los centros de gravedad de rock y pop con exquisitas y fehacientes maneras, a bordo de los seis inspirados álbumes grabados durante su cariacontecida singladura. Que se fueron todos a pique, pecios lastrados de tesoros.

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Jaime Gonzalo.