EL CANALLA. Capítulo 7.

RESUMEN DE LO ACONTECIDO:

Paco planea beneficiarse sin misericordia a la pobre Dña. Amparo Corominas. Desea sus joyas y su dinero. Y por ende pretende someterla a una extrema sesión de sadomaso casero. Entre tanto, Oriol Bonastret va a recibir una visita inesperada.

***

Mientras Oriol se duchaba, Paco, incapaz de contener sus lúbricos impulsos, se acercó a hurtadillas hasta el cuarto de baño y empezó a espiar a Oriol. El enjabonado cuerpo de éste, reluciente y musculado, se dejaba lamer suavemente por los chorros de agua tibia. Aquellos bíceps, aquellos glúteos, aquella apolínea anatomía del home del temps, excitaron sobremanera a Paco. Ya se veía, en su purulenta imaginación, saltando sobre aquel culito tan bien torneado cual corsario sobre cubierta enemiga. No empuñaba sable alguno en el abordaje, pero sí una tranca tan flexible y penetrante como cualquier hoja de acero toledano. Por una de esas casualidades de la vida, Oriol también se estaba poniendo burro con el agua calentita y el resbaladizo gel que untaba su piel. Paco vió como el muy cochino cogía el stick desodorante y sin destaparlo siquiera, tal era su calentura, se lo introducía en el ojete… ¡hasta el fondo! El Canalla, que mientras tanto se había extraido el miembro para inconscientemente masturbarse, no pudo más y eyaculó allí mismo, directamente sobre uno de los mapas meteorológicos postmodernos que decoraban las paredes del apartamento. El grumo, espeso y gelatinoso como un cocido madrileño, dejó perdida a toda Catalunya y las islas baleares, por no mencionar unos cuantos centímetros cuadrados de pared, parte del sofá adyacente, la televisión, un florero de Mariscal y la moqueta. Aún con la generosidad del geiser, El Canalla no tenía bastante. La polla le pedía más, pero como no quería precipitar los pecaminosos acontecimientos, optó por irse de putas a la pensión Lolita para saciar sus puercos deseos en un visto y no visto, antes de vérselas con la Corominas.

Nada más marcharse Paco, sonó el timbre de la puerta. Era Pere Riudellós, el amante de Oriol. Riudellós dirigía el FGP, aunque oficialmente trabajaba como editor de la revista neo-estructuralista de diseño Fashion & Rauxa. Tras estamparse ambos un furioso beso, Riudellós dijo:

—Hemos de hablar seriamente, Ori. Nuestro comando necesita pasta para el próximo atentado. Tengo pensado algo grande. Queremos tomar por la fuerza TV3 e interrumpir la emisión de la loto Catalunya para advertir al pueblo y la Generalitat que si no se acaban las obras de la Sagrada Familia en tres meses y un día incendiaremos el chalet de Pascual Maragall y envenenaremos todos los Donuts de Cataluña.

Los furibundos planes del fanático aquel dejaron a Oriol de una pieza.

—Paro…paro, nanu, no podemos hacer eso. ¡Ostima!, envenenar los Donuts. Piensa en la de nens y nenas que se pueden morir cuando vayan a merendar. Quina bestiesa. Eres un pocasolta, Pere.

En realidad, Pere, que actuaba movido por los celos, quería ponerlo a prueba. Había visto como Paco salía de casa de Oriol, todavía con el pajarito al aire y subiéndose la bragueta. Cuando observó como un postrero goterón de semen se escapaba de aquel terrorífico y amoratado glande, yendo a parar al felpudo y dejando allí un corrosivo charco, se imaginó lo peor. Su novio se la estaba pegando con un legionario. ¡Ja! ¡Un legionario!, pensaba, un vulgar gañán, un bruto, un adefesio de hombre… ¡Un charnego! No, de ninguna manera, un miserable como aquél no podía robarle a Oriol. La tragedia, inconmensurable, fatal, se mascaba en el recibidor del espermatizado apartamento de Bonastret.

***

EPILOGO:
¿Arderá el chalet de Pasqui Maragall? ¿Ingerirá algún niño de la escolanía de Montserrat un Donut envenenado? ¿Contagiará Paco la sífilis a alguna empleada de la pensión Lolita? ¿Estarán todavía calientes los canalones de la Corominas? ¿Son inagotables las reservas seminales de Paco? Las respuestas a tan capitales cuestiones en el próximo episodio de El Canalla, una radionovela sin ton ni son.

© 2011 Jaime Gonzalo.

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