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Artículos escritos por Jaime Gonzalo.

Artículo en ‘Cáñamo’: «Las drogas de la guerra»

EBRIOS DE ODIO Y SANGRE, Y DE TANTAS OTRAS COSAS

Las Drogas De La Guerra

En la batalla, lo extraño es que la soldadesca no se desapegue de la droga más adictiva de todas, la vida, quitándosela. Para impedirlo, las intendencias han hecho desde antiguo uso de todo tipo de sustancias embriagantes con tal de pervertir la realidad. Repasamos los botiquines de la barbarie con una relación de las drogas que han jugado un papel destacado en la historia de la autodestrucción humana.

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Artículo en ‘Periferias.org’: «Tomando drogas para drogarse con música con la que tomar drogas»

El pasado viernes 7 de octubre se publicó en la web del festival oscense Periferias este nuevo artículo:

A finales de los 70, hallándome padeciendo el servicio militar, regresaba de un permiso al cuartel llevando conmigo un flamante Walkman adquirido en Andorra. Todavía inédito en España, ese audiorreproductor portátil patentado por Sony, al reportarme en el cuerpo de guardia un sargento chusquero reparó suspicaz en el artilugio y sus extensiones.

“¿Qué coño es eso que llevas en la cabeza?”. Informé a aquel alcornoque como pude, sin hendir la menor mella en su comprensión. Muerto de cansancio y con ganas de pillar el camastro, sugerí que lo comprobara él mismo. “¡De eso nada, si explota, que te explote a tí!”, bramó, rechazando los auriculares como si fuera arma de las que carga el diablo.

Desde sus angostas entendederas anegadas en calimocho y Fundador, al pronunciar vade retro aquel ignaro conmilitón presentía instintivamente el inflamable potencial transformador de la música, esa volátil antimateria, agente distorsionador de la conciencia, y por lo tanto de la realidad.

Leer artículo completo en Periferias.org →

Jaime Gonzalo.

Señales de humo: «Glosófagos sin paladar»

Se ha publicado recientemente una nueva edición de mi columna en Rockdelux.com, «Señales de humo»:

SEÑALES DE HUMO
Glosófagos sin paladar: Transfugismo linguístico.

Hablamos mal y escribimos peor. No son necesarios estudios demoscópicos para respaldarlo. En esa realidad, la prensa ocupa un papel nada halagador, según los expertos. El periodismo está perdiendo las formas y la de corrector de estilo parece una profesión sin futuro. Sea por regulación de plantilla o debido a la dejadez, llevamos camino de que no haya estilo que corregir. La prensa musical no es ajena a una problemática a la que se suma el uso cada vez más frecuente y abusivo de anglicismos, como si la castellana no fuera una lengua lo bastante solvente. Jaime Gonzalo reflexiona sobre ello en esta columna.

Reclamados y supuestamente remunerados por la Fundéu BBVA y la Fundación San Millán, escritores, periodistas y lingüistas del tinglado oficial, RAE incluida, se congregaban hace unas semanas en el X Seminario Internacional sobre Lengua y Periodismo, como en anteriores ediciones, con objeto de debatir los gajes de su oficio. En esta convocatoria el argumentario lo acaparaban los libros de estilo y su función en la era del tótum revolútum de la “marca personal”, sea esta lo que sea. A propósito de ello se lamentaba uno de los ponentes: errores y malas prácticas proliferan en los medios a falta de un control más riguroso. No solo escasean correctores, añadía otro participante, también son contados los actuales periodistas que pueden ser considerados como tales. Más allá de estos razonamientos, todos ellos potenciales pasadizos a bizantinas deliberaciones, en un mundo cada vez más normativo como el que hoy nos aprisiona lo que deberíamos sopesar es la necesidad de, gramática aparte, regular algo tan personal como es la escritura, incluso en la homogeneidad de un medio que se debe a sus propios criterios, sea rotativo, revista o panfleto. Ya es suficiente unicidad la del pensamiento; como mínimo, que no contagie a su formulación. Dadas las circunstancias, clamemos un sonoro “¡Viva la tautología!”.

Lee la columna completa en Rockdelux.com→

Jaime Gonzalo.

¿También se duchan juntos?

Otra colaboración publicada en In Edit Beat:

¿También se duchan juntos?

¿Es Show’ em what you’re made of un ‘reality show’ de Backstreet Boys orquestado para coronarlos en el podium de las boy bands?

Da gusto verlos. Como un Gran Hermano de buen rollito. Como una Operación Triunfo en la que todos salen victoriosos. Así de inmaculada fue su ascensión al circense podium de las boy bands. Tanto, que el guión de Show´em What You´re Made Of rechina cuando intenta dárselas de dramático. Documental hagiográfico diseñado para coronar la permanencia de Backstreet Boys en ese promontorio, huele a reality show orquestado: uno llora compungido a su difunto padre, otro se enfrenta cariacontecido a problemas foniátricos, el de más allá se emociona recordando lo cortos de peculio que iban sus viejos. Ni Sautier Casaseca. Pero los negocios superan siempre a la realidad. La hermandad-empresa BSB engrana maquinaria pesada, generando dólares a chorros: el empeño en demostrar lo mucho que se quieren, se consuelan y se necesitan, que son socios pero para el caso como si fueran consanguíneos, no parece necesario cuando de explicar el éxito de su producto por veinte años casi consecutivos se trata.

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Jaime Gonzalo.

Sin red, sin trastes, sin habla

Nuevo texto publicado en el sitio web de In Edit Beat:

Sin red, sin trastes, sin habla

“Jaco” nos permite ver de cerca la genialidad y la tortuosa alma de Jaco Pastorius, el bajista que reinventó el bajo.

La culpa la tuvo Miles Davis. Subsidiariamente, eso sí. Los inductores fueron, coincidencia patronímica, la cantante Betty Davis, uno de sus rollos, y el tiburón Clive Davis, presidente de CBS. Ella poniéndole sobre la pista de Hendrix, Sly and the Family Stone, Funkadelic y otros artistas negros de rock y funk. Él reorientando su descendente carrera hacia el primero de esos géneros e introduciéndolo en festivales como el de Wight, y en el Fillmore y otras salas punteras de dicho circuito. El resultado, el doble álbum Bitches Brew (1969), revolucionaría los mercados jazz y rock, culminando el proceso de electrificación que el trompetista había emprendido el año anterior. Con Bitches Brew daba inicio no solo la etapa más polémica y volcánica de Davis, sino también todo un género denominado fusion, o jazz-rock, invicto durante los 70.

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Jaime Gonzalo.

Qué pequeña se ve la Tierra desde el andamio de Dios

Nuevo artículo en la web de In-Edit, esta vez sobre el documental de HBO Mr. Dynamite: The rise of James Brown, producido por Mick Jagger.

Qué pequeña se ve la Tierra desde el andamio de Dios

Consecuente con la homérica complexión histórica del individuo y su obra, la abundante oferta de documentales sobre James Brown –cierto que muchos de ellos de rompe y rasga–, así como de otros productos audiovisuales gravitando alrededor de su hercúlea leyenda, plantea una pregunta tan retórica como sensata. ¿Necesita la humanidad otro más? Puesto que su inconmensurable dimensión jamás podrá ser plenamente abarcada, no digamos ya la personal, de ahí la retórica, cualquier visión que arroje luz extra o aporte información suplementaria siempre será bienvenida sin importar si refleja más o menos fidedignamente lo indiscutible de un hecho fundamental: James Brown es el artista negro más grande, y más completo, habido y por haber, incluyendo a Little Richard y naturalmente Jacko, pobre pigmeo. ¡Por todo el azufre del Averno! Aquí el relativismo huelga. Estamos hablando del Padrino del Soul, del Hombre Más Currante del Mundo del Espectáculo, del Presidente Funky, del Superbad, del Soul Brother Número Uno, del mismísimo Señor Trinitolueno. ¡¡Baboooom!! Con un personaje de sus bíblicas, trascendentales características entre manos, difícilmente brotará un documental mediocre.

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Jaime Gonzalo.

El cosmos empieza en Tejas

Recientemente he comenzado una serie de colaboraciones en la web del In-Edit. Aquí va el primer artículo, publicado el pasado día 14:

Doug Sahm

Doug Sahm

El cosmos empieza en Tejas

El film “Sir Doug and The Genuine Texas Cosmic Groove” clama justicia para el antecesor del sonido Americana.

Muchos de los que cada año peregrinan al South By Southwest lo ignoran, pero Austin, la ciudad sede de dicho festival, ya había degustado titularidad hip previamente a 1986, año de su primera edición. En el despertar de la década de los 70 un solo hombre refundaba prácticamente de la nada la escena musical de la capital tejana. Que, avituallada por numeroso público universitario, no era precisamente manca, umbilicalmente sintonizada con la contracultura a través de locales como el Armadillo World Headquarter, el Fillmore del bizarro frikismo austinita. Se llamaba ese iconoclasta Doug Sahm, y traía consigo los mismos aires de retromodernidad que en aquellos precisos momentos se encontraban aggiornando el country en Los Angeles, de la mano de Gram Parsons y su banda The Flying Burrito Brothers, supuestos artífices de la tendencia bautizada “Cosmic American Music”.

Antepasado del sonido Americana que tantos estragos causa hoy día, la Música Cósmica Americana no dispone de una definición académica. A gruesos rasgos, sintetizaba la influencia que la cultura de la droga ejercía en jóvenes músicos de extracción rock y el desafío planteado a la tradición, a las raíces, reformulando a su medida la vertebración y filosofía de las expresiones musicales blancas y negras más prominentes del melting pot estadounidense. Se trataba de un impulso contradictorio ya desde su sacrílega composición: ¿hippies profanando la conservadora banda sonora cotidiana de los paletos de provincias? De los varios frentes que abría, en el de Austin coincidía la transgenérica cosmicidad pagana de Sham con la disidencia del outlaw country, otra variante más por la que nombres como Kris Kristoferson, Waylon Jennings y Willie Nelson desacataban los reblandecidos designios estéticos de Nashville, en misión recuperadora de la autenticidad perdida pero también aperturista, integrando en ella nuevos códigos.

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Jaime Gonzalo.